29 marzo, 2009

Acto XII

Calisto,Sempronio y Pármeno van a casa de Melibea.Ésta y Lucrecia estan en la puerta esperando Calisto,primero le habla Lucrecia y después llama a Melibea,y Calisto y Melibea se hablan(disimuladamente)por las rejas de la puerta y la gente de la calle les escucha asique se despiden hasta la noche siguiente.Pleberio se despierta y llama a su mujer Alisa.Más tarde Pármeno y Sempronio van a casa de Celestina a pedirle el dinero que les debe.

-C:¿Qué hora es?
-S:Las diez en punto.
-C:¡Qué pena me da no poder ver a Melibea!Son las 11 las 12 y sigo sin verla.”Pronto se olvida lo que no nos toca”

Sempronio piensa que su amo Calisto tiene ganas de discutir y no sabe cómo...

-P:Mejor que la hora pase rápido que malgastar el tiempo sin hacer nada.
-C:¿Qué dices necio?Sólo intento pensar en lo que ya pasó y no en lo que pueda venir.Descuerla mis corazas y armaros vosotros.
-P:Aquí estan señor.
-C:Mira a ver Sempronio si hay alguien por la calle.
-S:Señor no hay nadie en la calle,además esta muy oscuro;no se puede ver nada.
-C:Pues andemos por esta calle.Van a ser las qe ,buena hora es.
-P:Cerca estamos.
-C:Llegamos a tiempo.Para Pármeno.A ver si sale esa señora por la puerta.
-P:¿Yo señor?Me da miedo porque quizás piense que la estás tomando el pelo.
-C:Tiense razón,gracias por prevenirme.Me voy para allá vosotros quedaros en ese lugar.
-P:¿Qué te parece Sempronio?Cómo el necio de nuestro amo pensaba llevarme en el primer encuentro peligroso;yo no sé quién habrá detrás de la puerta.¿Qué se yo si habrá alguna traición?¿Qué sé yo si Melibea le pagará bien el atrevimiento a nuestro amo?Sempronio no seas lisonjero como tu amo quiere y jamás soñarás duelos alguno.Quiero hacer cuenta de que hoy nací y del peligro escapé.
-S:Debe haber salido Melibea,escucha que hablan bajito.Comó temo que no sea ella sino alguna que finja su voz.
-C:¡Señora mía!
-L:Esa es la voz de Calisto.
-C:Soy aquel que viene a cumplir tu mandado.
-L:¿Por qué no vas señora?Ve sin temor,que el caballero está ahí.
-M:Mira bien si es él.
-L:Que sí es el que le conozco muy bien la voz.
-C:Cierto es que he sido burlado,no era Melibea la que hablaba.
-M:Vete Lucrecia a dormir un poco.Señor ¿cómo es tu nombre?¿quién te mandó venir?
-C:No tema tu merced a este seguidor de tu gentileza,que el dulce sonido de tu voz no ha salido nunca de mi cabeza.Yo soy tu siervo Calisto.
He venido ha darte la despedida y mi reposo.No pongas mi fama en las lenguas malditas.Malditas sean las puertas que nos separan,llamaré a mis criados a que las derrumben.
-P:¿No oyes Sempronio?Quiere venir a buscarnos.En mal momento empezaron estos amores,yo no espero más aquí.
-S:¡Calla calla!Escucha,que ella no quiere que vayamos a allí.
-M:¿Quieres amor mío perderme a mí y dañar mi fama?conténtate con cenir mañana a esta hora por las paredes de mi huerto,que si rompiera las puertas que nos separan ahora amanecería en casa de mi padre una terrible sospecha de mi pecado y todo será publicado.
-S:Mala hora vinimos esta noche,aquí vamos a amanecer.
-P:Hace dos horas que te dije que nor vayamos.
-C:Rezando hoy he estado ante la Magdalena.
-P:Calisto está desvariando,por fe tengo que no es cristiano,y la vieja traidora le ha dicho que si cree en Dios todo le saldrá bien,y con esa confianza cree que puede romper las puertas y antes de que haya hecho eso ya le habrán escuchado los criados del padre de Melibea.
-S:No temas Pármeno,que si mal hace él lo pagará.
-P:Bien hablas,así se hará.Huyamos de la muerte que somos jóvenes,que tengo mucho miedo de estar aquí.
-S:Mejor estoy yo,que tengo la espada atada cn correas y el casquete en la capilla.
-P:¿Y las piedras que trías?Las perdí por ir deprisa.Escucha escucha¿no oyes algo?,vamos a casa de Celestina que por allí nos van a coger¡Oh pecador de mí!Deja todo,que nos van a alcanzar.
-S.¿Y si han matado a nuestro amo?
-P:No se,corre,que eso es lo que menos me preocupa.
-S:Espera.......Tranquilo que sólo ha sido gente que pasaba haciendo ruido.
-P:Mira bien,no te fíes.
-S:Vuelve,vuelve que es verdad,ha sido el alguacil que estaba haciendo ruido.
-M:Ten cuidado Calisto,ahora hay mucho ruido en la calle.A lo mejor estás en peligro.
-C:Señora no temáis.Seguro que son mis criados que son unos locos.
-M:¿Son muchos los que traes?
-C:No,sólo son dos.Y si estuviéramoes en peligro nos librarían de la gente de tu padre.
-M:¡Oh por Dios!¡No se cometa tal cosa!
-P:¡Señor,señor!vamor rápido que viene mucha gente y serás visto y conocido.
-C:Mezquino ¿cómo osas apartarme de mi señora?(lo regaña y se despide)Mañana mi venida será como ordenásteis mi señora.
-M:Ve con Dios.
(En la habitación de los padres de Melibea)
-PR:Mujer¿duermes?
-A:No.
-PR:¿No oyes ruidos en la habitación de Melibea?
-A:Sí,¡Melibea,Melibea!
-PR:No te oye.La llamo yo¡Hija mía!
-M:Señor.
-PR:¿Quién hace ruido en tu habitación?
-M:Señor es Lucrecia.
-PR:Duerme hija,que pense que era otra cosa.
(En casa de Calisto)
-C:Cerrad esa puerta hijos,y tú Parméno sube una vela.
-S:Señor,debes descansar.
-C:¿Habéis dormido algun rato?
-S:¿Dormir señor?Mirando a todas partes estuvimos todo el rato.
-C:Gracias por vuestro buen servicio.Id con Dios y reposad.
(En casa de Celestina)
-S:Señora.¡ábrenos Celestina!
-Ce:¿Quién llama?
-S:Somos tus hijos.
-C:Yo no tengo hijos que estén tan tarde por la calle.
-S:Ábrenos,que venimos a comer contigo.
-Ce:Locos traviesos¿cómo venís ahora?Ya va a amanecer.¿cómo ha quedado lo de Calisto?
-S:¿Cómo madre?Si por nosotros no hubiera sido,ya estaría su alma buscando posada allí para siempre.
-Ce:¡Jesús!¡Cuéntamelo por Dios!
-P:Es muy largo de contar.
-Ce:Landre me mate si no me lo cuentas.Dímelo ahora Sempronio¿Qué os ha pasado?
(Empiezan a hablar los tres sobre lo que ha pasado en casa de Melibea.Como siempre,Celestina se muestra negativa a hablar de dinero,y no les quiere pagar)
-S:¡Oh vieja avariciosa!Siempre muerte de sed por el dinero.No estás contenta con la tercera parte de lo ganado.
-Ce:¿Qué tercera parte?Vete de mi casa.No me saques de quicio.No quieras que salgan a la luz las cosas de Calisto y vuestras.
-S:Haz lo que quieras,pero o cumples lo prometido o acabarán hoy tus días.
(Sempronio coje una espada)
-E:Pármeno,sujétalo,que la va a matar con esa espada.
-Ce:¡Justicia,señores vecinos,que me matan en mi casa estos rufianes!
-S:¿Rufianes?Espera hechicera,que yo te haré ir al infierno.
-Ce:¡Ay que me matan!
-P:¡Acaba con ella!Pues ya que comenzaste tendrás que acabar,¡que muera!
-Ce:¡Confesión!
-E:¡Oh crueles enemigos!Muerta está mi madre y todo mi bien.
-S:¡Corre,corre Pármemo!Que viene el alguacil.
-P:¡Oh pecador de mí!Que no tenemos por dónde irnos,la puerta está cerrada.
-S:Saltemos por la ventana,no muramos ajusticiados.
-P:Salta,que yo voy detrás de tí.

21 marzo, 2009

ACTO XI


Celestina va por la calle hablando sola.
Ce: Ah dios, qué alegría llevo. A Pármeno y a Sempronio veo ir hacia la iglesia de la Magdalena, iré detrás y si allí no estuviere Calisto, pasaremos a su casa para pedirle recompensa por mi logro.

Se (a Calisto): Señor, fíjate que tu estado da a todo el mundo qué hablar. Si tienes una pasión, súfrela en secreto en tu casa; no descubras la pena a los extraños, ya estás en manos de Celestina.
Ce: ¿Por qué me nombráis? Vengo detrás de vosotros toda la calle del Arcedianos y no puedo alcanzaros.
Ca: ¡Oh joya del mundo! Dime con qué vienes, qué nuevas traes. Te veo alegre y no sé en qué está mi vida.
Ce: Señor, salgamos de la iglesia que de aquí a casa te contaré algo con que te alegres de verdad.
Pa (a Sempronio): Buena viene la vieja, hermano, debe haber recaudado.
Se: Escúchala.
Ce: He trabajado todo este día en tu negocio y dejado que se perdieran otros importantes. Pero todo vaya en buena hora, pues traigo muy buenas palabras de Melibea, a quien dejo a tu servicio, qué es más tuya que de sí misma.
Ca: No digas tal cosa. Melibea es mi dios, mi vida y yo soy su cautivo y su siervo.
Se: Señor, con apreciarte tan poco a todo el mundo asombras con tus desconciertos. Dale algo por su trabajo, harás mejor.
Ca: Bien has dicho. En lugar de manto y saya, toma esta cadenilla y ponla al cuello.
Pa. ¿Cadenilla la llama? ¿No lo oyes, Sempronio? ¡No estima el gasto.
Se: Te va a oír nuestro amo. Es mejor hermano que oigas y calles.
Ce (a Calisto): Melibea pena por ti más que tú por ella, te ama y quiere verte, piensa más horas en ti que ella misma.
Ca: Mozos ¿Estoy yo aquí?¿Oigo yo esto?¿Es de día o de noche? Te ruego, Dios mío, que esto no sea un sueño. Si burlas, señora, caro lo has de pagar.
Ce: Si me burlo o no, pronto lo has de ver yendo esta noche, según he concertado con ella, cuando dé el reloj las doce, a hablar por entre las puertas. Así sabrás por su boca su deseo y el amor que te tiene.
Ca: Mira señora ¿Qué me dices que vendrá por su voluntad.
Ce. Y aun de rodillas.
Sem (a Pármeno): ¿No será un hechizo, que nos quiere engañar a todos?
Pa: Nunca te oí decir mejor cosa. Muy sospechoso es que aquella señora conceda su voluntad tan pronto.
Ca: Callad, locos, bellacos, sospechosos.
Ce: Señor, tú estás en lo cierto y vosotros estáis cargados de vanas sospechas. Yo he hecho todo lo que estaba de mi lado. Me voy muy contenta
Pa (a Sempronio) Ji, ji, ji, que priesa tiene la vieja por irse. No ve la forma de marcharse con la cadena.
Se: ¿qué quieres que haga una puta alcahueta que sabe y entiende después de verse cargada de oro, sino ponerse a salvo con la posesión, por temor a que se la quiten ¡Pues guárdese el diablo! Si no parte la ganancia, le sacaremos el alma.
Ca: Dios vaya contigo, madre.

20 marzo, 2009

ACTO SÉPTIMO



(Celestina habla con Pármeno)

Ce: Pármeno,hijo, no he tenido tiempo para mostrarte todo el amor que tengo. Yo que te tenía por hijo y tú me das mal pago, susurrando contra mi en presencia de Calisto. De tu equivocación sólo la edad tiene la culpa. Si tú tuvieras memora, recordarías que l la primera posada que tomaste en esta ciudad cuando eras chico fue la mía. Los mozos os preocupais poco de los viejos, no te das cuenta que podría faltarte la juventud y mi casa es un hospital de enfermos. Mira a Sempronio, yo le hice hombre. Querría él que fueseis como hermanos.
P: Con él es imposible mi amistad. No tiene en qué me aproveche.
Ce: Te diré hijo las virtudes del buen amigo. Toma mi consejo. ¡qué dichosa sería si tú y Sempronio estuvieses muy conformes y hermanos en todo, viéndoos venir a mi pobre casa a holgar con sendas muchachas?
P: ¿Muchachas, madre mía?
Ce: Muchachas, digo, que para viejas ya sobro yo.Como la que tiene Sempronio y eso que no le tengo tanto cariño como a ti.
P: De ahora en adelante, haz de las tuyas, que yo callaré. Ahora doy por bien empleado el tiempo que siendo niño te serví. Y rogaré por el alma de mi madre que a tal mujer me encomendó.
Ce: No me la nombres, que se me llenan los ojos de lágrimas, que era todo mi bien y mi descanso, mi hermana y mi comadre.
Pa: Dime señora, ¿Cuándo la justicia te mandó prender, ya tenías esa relación?
Ce. ¡Qué si teníamos! Juntas lo hicimos, juntas nos sintieron y juntas nos prendieron y acusaron. Pero muy pequeño eras tú. Me asombro de ver cómo te acuerdas, que es la cosa que está más olvidada de la ciudad.
Pa: Verdad es, pero si yerras de nuevo…
Ce(aparte): A las verdades nos andamos, yo te tocaré donde te duela. (a Pármeno). Lo mismo le ocurrió a tu madre, que la prendieron cuatro veces. Ella me pidió que me esforzara porque tengas amigo verdadero.
Pa: Déjemos los muertos y las herencias. Hablemos de los negocios presentes, me prometiste que me dejarías tener a Areusa, cuando te dije que moría por sus amores.
Ce: No lo he olvidado, no he perdido la memoria con los años. Vamos camino de casa y no podrá ser de otro modo. Anda paso, entra silenciosamente, no nos sientan las vecinas. Espera debajo de esta escalera.

(Entran en casa de Areúsa)
A: ¿Quién anda ahí?
Ce: Quien nunca da un paso, que no piense en tu provecho.
A: Ya me desnudaba para ir a acostar, tía señora, me quiero vestir.
Ce. No señora, entra en la cama y desde allí hablaremos.
A: Me siento hoy mala todo el día.
Ce: De este tan común dolor somos todas. Todo olor fuerte es bueno y poleo, romero, mosquete e incienso. Pero otra cosa, yo hallaba mejor y no te quiero decir…
Pa: Conmigo está Pármeno, que sabes que le quiero bien y le tengo por hijo. No hay diferencia entre tú y Elicia, la cual tiene a Sempronio. Pármeno y él son compañeros, sirven a ese señor, por quien tanto favor podrás tener. Vosotras, parientas, ellos compañeros. Le haré subir para que, si te pareciere, goce él de ti y tú del, aunque él gane mucho, tú no pierdes nada. (A Pármeno) Llégate acá, asno ¿Dónde te vas a sentar al rincón? Verdad que prometes de aquí en adelante ser muy amigo de Sempronio y venir en todo lo que quisiere contra su amo en un negocio que traemos entre manos ¿Lo prometes, Pármeno?
Pa: Sí, sí, prometo sin duda.
Ce: Quedaos, adiós, que me voy porque me dais dentera con vuestro besar y retozar.

ACTO SEXTO. LA CELESTINA



(Celestina entra en casa de Calisto, los criados comentan a sus espaldas)
Calisto: ¿Qué dices, señora y madre mía?
Ce: ¡Oh mi señorCalisto! Oh nuevo amador de la hermosa Melibea ¿con qué pagarás a la vieja, que hoy ha puesto su vida en peligro por servirte? Con sólo recordarlo me hiela la sangre.
P: Prosperar quiere la vieja, va a volver loco a mi amo. No le pierdas palabra, Sempronio y verás cómo quiere pedir dinero.
S: Calla, hombre desesperado, que te matará Calisto si te oye.
C: Madre mía (a Celestina) ve al grano o toma esta espada y mátame.
P: Luto tendremos con estos amores.
Ce: ¿Espada, señor? Ella mate a tus enemigos, que yo te quiero dar la vida con la buena esperanza que traigo de aquélla que tú más amas.
Ca: Dime, por Dios, señora, ¿Qué hacía? ¿cómo entraste?¿qué vestía?¿en qué parte de la casa estaba? ¿te mostró buena cara?
Ce: La que muestran los toros cuando les clavan flechas en el lomo
Ca: ¿Y ésas llamas señales de mi salud?
Ce: Todo su rigor traigo convertido en miel, su ira en mansedumbre…Así para que tú descanses te contaré por extenso mi conversación con ella y la razón que le dí para entrar en su casa. Debes saber que el final fue muy bueno.
Ca: En mi cámara me dirás por entero lo que me acabas de resumir.
Ce: Subamos, señor.
P: ¡Y qué rodeos busca este loco por huir de nosotros y para descubrile a Celestina mil secretos! Tras ti vamos.
Ca: Siéntate, señora, que de rodillas quiero escuchar tu suave respuesta. Dime luego la razón que diste para entrar.
Ce: Vender un poco de hilado, con que tengo cazadas treinta más de su estado y algunas mayores.
Pa(A Sempronio): Estás atontado, Sempronio, oyéndole a él locuras y a ella mentiras.
Ce: Oye, señor Calisto y verás tu dicha y mi buen hacer. Cuando comencé a venderle el hilado, llamaron a la madre de Melibea a visitar a una hermana suya enferma y me dejó con tu amada a solas.
Ca: ¡Oh gozo sin par! ¡Qué singular oportunidad!
Pa: Me salgo fuera, Sempronio. Ya no digo más, escucha tú. Si este perdido de mi amo, pensara en algo razonable, vería que mis consejos son más saludables que los engaños de Celesitina.
Ca: ¿Qué es esto mozos, yo escuchando a quien me da la vida y vosotros susurrando como soléis para enfadarme? Callad. Decid señora (a Celestina)¿Qué hicisteis cuando os vistéis sola?
Ce: Tuve valor para decirle que penabas tanto por una palabra de su boca. Y después de echar mil insultos por su boca, se me ocurrió decirle que tu pena era un mal de muelas y que le pedía una oración, que ella sabía, para ellas.
Ca: ¡OH maravillosa astucia y singular mujer-
Ce: Y más le pedí, un cordón que ella trae siempre ceñido, con la excusa de que era muy provechoso para tu mal, porque había tocado muchas reliquias.
Ca: Toma toda y esta casa o pide lo que quieras.
Ce: Por un manto que des a esta vieja, te dará el cordón de Melibea.
Ca: Corre, Pármeno, llama a mi sastre y corte un manto.
Pa: ¡Asi, así! A la vieja todo porque venga cargada de mentiras y a mí que me arrastren.
Ca: ¿Qué vas bellaco, rezando? Envidioso , que no te entiendo, ve donde te mando y no me enojes.
Pa: No digo señor, otra cosa, sino que es tarde para que venga el sastre.
Ca: Pues quédese para mañana, gozarán mis ojos y mi apasionado corazón.
Ce: No sufras, señor, toma este cordón, que, si yo no me muero, yo te daré a su ama.
Ca: ¡Oh nuevo huésped!¡Oh bienaventurado cordón, orgulloso de haber ceñido el cuerpo que yo no soy digno de servir.
Ce: Cesa ya, señor, que esa locura me tiene cansada de escucharte y al cordón roto de tratarlo. Trata al cordón como tal, porque sepas hacer diferencia de habla cuando con Melibea te veas!
Ca: Déjame salir por las calles con esta joya, para que los que me vean sepan que no hay hombre más dichoso que yo. ¿Y la oración, señora?
Ce: No se me dio por ahora, pero quedó, que si tu pena no se calmase, que volviese mañana por ella. No te fatigues más. Dame licencia, que es muy tarde, y déjame llevar el cordón porque tengo de él necesidad.
Ca: Mozos, acompañad a esta señora hasta su casa que yo seguiré recordando a quien es dueña de mi vida.

02 marzo, 2009

ACTO XVII

-ELICIA: Desde que estoy de luto, mal me va. Y tengo yo la culpa, que si siguiera el consejo de mi hermana, no estaría muerta de asco entre estas cuatro paredes. Me dijo: ‘’No muestres pena por el que por ti no haría lo mismo’’.Así que quiero quitarme el luto, pero primero visitaré a mi prima para preguntarle que ha pasado con Sosia. (Ta ta).
-AREUSA: ¿Quién es?
-E: Abre, soy Elicia.
-A: Entra hermana mía, que contenta me pones. Ahora quitado el luto, podremos quedar y vernos. A lo mejor ha sido buena la muerte de Celestina, que te ha hecho libre.
-E: Llaman a la puerta. No nos dejan hablar, que venia a preguntarte por Sosia.
-A: No ha venido, luego hablamos. ¿Quién es?
-Sosia: Ábreme señora, soy Sosia, el criado de Calisto.
-A: (Escóndete hermana, y veras como le saco lo suyo) ¿Es Sosia, mi secreto amigo? Quiero abrazarte ahora que veo mas virtudes en ti. Entra y siéntate, que veo en ti la figura de Pármeno. Dime, ¿me conocías antes de ahora?
-S: Señora, en esta ciudad no hay quien hable de ‘’loor de hermosas’’ que no se acuerde de usted.
-A: Se que te estas burlando de mi, pero como todos los hombres tenéis esas engañosas alabanzas para todas, no me espantare de ti. Pero, Sosia, no las necesita, yo te amo y me tienes ganada y te mande que me vieres por dos cosas.
-S: Señora, no me siento digno de descalzarte. Dime lo que quieres que haga.
-A: Ya sabes cuanto quise a Pármeno. Todos sus amigos me agradaban, asíque decirte que me alegraras con tus visitas, y no pierdes nada con ellas. Y lo otro es que yo pongo mi amor y mi querer en ti, asíque avisarte de peligros, no acabes como Pármeno. Me han dicho que tu descubriste los amores de Calisto y Melibea, y que ibas cada noche dando voces, como loco a placer.
-S: Quien te dijo que me lo había oído, no dice verdad. Los que me vieron de noche sospecharan mal, y afirman lo que barruntan. Y, señora, si quieres ver su falsedad, antes se coje a un mentiroso que a un cojo. En un mes, no hemos ido ocho veces, y ellos dicen todos los días.
-A: Para que tome lazo del falso testimonio, dime los días que vais a salir, y si yerran, estaré segura de tu secreto.
-S: Esta noche, al dar las 12, estará en el huerto. Pregunta mañana que han sabido.
-A: ¿Y porque parte les puedo ver, alma mía?
-S: Por la calle del vicario gordo.
-A: Sosia, basta para saber de tu inocencia y de la maldad de tus adversarios. Vete con Dios.
-S: Perdóneme si te he enojado con mi tardanza. Los ángeles queden contigo.
-A: Dios te guíe.
Hermana, sal ya. Así trato yo a los tales, Pues, prima, aprende que este arte es diferente al de Celestina, aunque ella me tenia por boba.

ACTO VII

Celestina: Pármeno, hijo sabes que te quiero, he cuidado de ti desde que eras pequeño y ahora me lo pagas hablándole mal de mi a Calisto, por interés en vez de por razón.
Pues no quiero más de ti, yo te hice un hombre y tú pagas la amistad la amistad con odio.
Pármeno: Madre quiero que me perdones por lo hecho pero a Sempronio no va a ser fácil perdonarle.
Celestina: No era esa tu forma de ser.
Pármeno: No soy el que era antes y así mismo Sempronio no tiene nada que me interese.
Celestina: El buen amigo se conoce en las adversidades ¿que te diré, hijo, que las virtudes del buen amigo?
Pármeno: ¿A que llamas reposado, tía?
Celestina: Pármeno tienes que depender de ti mismo, aprovechar la vida y estar unido con Sempronio y lo hago por y por tu bien y por que tu madre me encomendó a ti.
Pármeno: Hablemos de negocios, te acuerdas de que me ibas a enseñar a Areúsa.
Celestina: No lo he olvidado.

Pármeno: Yo ya desconfiaba de poder verla.

Celestina: Espera debajo de la escalera.

Areúsa: ¿Quién anda ahí?
Celestina: Alguien que te quiere.
Areúsa: ¿A que vienes tan tarde?, Ya estaba apunto de irme a la cama.
Celestina: Pues vete y ahora hablamos.
Areúsa: Allí os espero.
Pármeno: (Susurrando a celestina) dile que la daré todo lo que tengo, díselo que me parece que no me quiere mirar.
Areúsa: ¿Qué te dice ese señor a la oreja?
Celestina: Que quiere tu amistad, por tu honradez, y así mismo la amistad con Sempronio para ir en contra de su amo para un negocio que traemos entre manos.
Pármeno: Lo prometo
Areúsa: No será él tan descortés.
Celestina: ¿en cortesías y en licencias estás?
Areúsa: No soy de las que públicamente están dispuestas a vender su cuerpo por dinero.
Celestina: ¿Qué son estas extrañezas y retraimientos? (enfadada)
Areúsa: Perdón madre, que el haga lo que quiera, prefiero tenerte a ti contenta que no yo.
Celestina: no estoy enfadada ya, me voy solo porque me haces dentera con vuestro besar
Areúsa: Dios vaya contigo.
Pármeno: ¿Madre te acompaño?
Celestina: No hace falta

Aparece Elicia

Elicia: El perro esta ladrando, viene Celestina
(Celestina llama a la puerta)
Elicia: ¿Quién es?
Celestina: Baja a abrirme
Elicia: ¿Por que llegas tan tarde? Nunca sales para volver a casa habitualmente.
Celestina: No te sorprendas hija
Elicia: No me sorprendo, que muchas veces como se suele decir, al maestro sobrepuja el buen discípulo. Yo odio mi oficio; tú mueres por ello
Celestina: Tú te lo dirás todo ¿piensas que nunca saldrás de mi lado?
Elicia: Dejemos de discutir porque esto es una tontería. Gocemos de esto que la vejez pocos la ven.

19 febrero, 2009

MONÓLOGO INTERIOR

DEJA TU OPINIÓN, QUE SUGIERE, ESCRIBE TU PROPIO MONÓLOGO

En una novela o cuento el personaje puede revelarse por sus actos pero también por sus palabras. En la literatura moderna los monólogos interiores de los personajes intentan imitar el funcionamiento mental del ser humano. El narrador recuerda, evoca algo que ya sabe y que no explica, porque habla para sí mismo:

"He permanecido sentada ante un espejo, mientras vosotros escribíais o sumábais números en una mesa escritorio. (...) Para unos soy volátil, para otro soy rígida, angulosa como una plateada porción de hielo, o voluptuosa como la dorada llama de una vela".


"Había faroles(...) y árboles que no se habían despojado aún de las hojas, junto a la estación. Las hojas podían ocultarme. pero no me escondí detrás de ellas. Caminé rectamente hacia vosotros, en vez de dar un rodeo para evitar el golpe de la sensación, como antes. Pero esto se debe únicamente a que he amaestrado mi cuerpo. Interiormente no estoy amaestrada. Os temo, os odio, os amo, os envidio y os desprecio, y nunca me he sentido feliz al reunirme con vosotros. En el trayecto (...) me di cuenta por vuestros abrigos y vuestros paraguas, incluso desde lejos, de que estáis profundamente incrustados en una sustancia constituida por reiterados momentos unidos. Estáis vinculados, habéis adoptado una actitud, tenéis hijos, autoridad, fama, amor y trato social. Yo nada tengo. Carezco de rostro".

Virginia Woolf. Las olas. Editorial Lumen, 1972, pág. 167-168



DEJA TU OPINIÓN, COMENTA Y ESCRIBE TU PROPIO MONÓLOGO.

PARA SABER MÁS...
Y MÁS SOBRE ESTA AUTORA